Después del Pericazo, lejos de calmarse las aguas del socialismo ibérico, la cosa ha devenido en "la casa de los líos" como se titulaba en tiempos una comedia televisiva de éxito, sólo falta que se plante la Toñi con las croquetas a reñir y enmendar la plana a su señorito, pero los personajes que ellos mismos llamaban "gualdrapas" están toditos.
Al defenestrado tranviario le cambiaron la cerradura del despacho al rato de darle la patada en el tafanario dejándole sin su colección de vespas en miniatura, y da penita oiga, vaya modos saca de quién sabe dónde el guaperas; las lenguas viperinas achacan el arrebato a las risitas de Fostiatus cuando le vio intervenir en el Sálvame marujo y después con las hormigas de la tele, pero otras en cambio dicen que quería cortar posibilidades de pactos con el profeta coletudo que le quita el sueño y los votos, además de que estaba quemadísimo como candidato "Invictus"...pero eso y las cosas del tranvía ya las sabían desde hace rato.
Además, Tomás y no más, aún no conoce el estado de imputado, al contrario de lo que les acaba de acontecer a los dos máximos ex prebostes de la Hunta- no es falta ortográfica, que es pronunciación y ya sé que "untar" es sin hache- de Andaluzuela, así que con todas las cosas que se han venido aduciendo para lo anterior, la cosa se le pone muy cuesta arriba si pretende hacerse el sueco con este otro asunto infinitamente más gordo que el de Parla y que todos los casos de corrupción que hay sobre el tapete nacional tanto en términos cuantitativos, en dineros e implicados, como cualitativos al tratarse de dinero público y destinado a paliar los apuros de los parados que es el colmo de lo inmoral per se y no digamos en los tiempos que vivimos.
Veremos también qué hace Susanota que le queda todavía más cerca, pero hay indicios de cambio en el discurso, parece que ha cambiado de la "mera imputación"- y cierto es que no los convierte automáticamente en culpables como suelen olvidar unos y otros cuando afecta al de enfrente- para pasar a ser cuando "hable el juez", y eso será, como bien habrán adivinado, después de su paso por las urnas al llegar la primavera.
Del Pericazo habló poco, pero se notó que mucho no le ha gustado.
El aspirante al trono capitalino, señor Carmona, pasado el disgusto inicial por su amigo, se muestra dispuesto a sacrificarse por el partido si es menester y si hace falta hundimos otro Prestige, pero la gestora presidida por Rafael Simancas, el eterno aspirante a la Comunidad de Madrid, prefiere al ex ministro conocido como fray Gabilondo, que como no está afiliado no puede participar en unas primarias para las que señalan que no hay tiempo ya, pero también hay una señora rubia con pinta de no haber roto un plato- que sin embargo es muy zapatera- que las quiere a toda costa para presentarse ella, y esta tarde al parecer se le han pasado las ganas de mandar, y alguien sugirió al de la flauta de Bartolo, Zerolo, que dijo al principio que no, pero ahora es que sí...me falta la respiración y seguro que me he dejado algo.
Perico por ahora calla sobre todo esto y deja la cosa a sus subalternos, pero algo tendrá que decir o hacer pronto porque después de semejante muestra de autoridad se le han subido inmediatamente un montón a las barbas...que os van a canear, chatines.
Confieso que en otro momento menos crucial para España disfrutaría de tal espectáculo con unas buenas palomitas, pero la edad- muy mala- te vuelve asquerosamente responsable y calculador y quienes pretenden sustituirlos son lo peor de lo peor en todos los sentidos, aunque parece que se van desinflando, porque lo que sube muy deprisa baja también igual; y es que no resisten ni los argumentos ni la hemeroteca por mucho que ahora traten de disimular de quiénes les vienen los dineros y la inspiración, urdiendo la ruina para aquí mientras disfrutaban de todo lujo allá como asesores de los destructivos gobernantes venezolanos mientras el pueblo hace cola para lo más básico, los opositores democráticos están en la cárcel, y los asesinos huidos del nuestro se pegan allí cobijados la vida padre.
Tenemos todos la responsabilidad de que algo semejante no arraigue en nuestro suelo.
